De repente, en Julio, se acercaba el invierno, esa mañana amaneció con lluvia así que tuve que salir con el impermeable puesto primero por la lluvia y más tarde tuve que usarlo de nuevo por que hacía bastante frío. Atravesé Mérida con rapidez, era muy temprano y apenas me paré para echar unas fotos en el acueducto.

Pasé Mérida y el inmenso pantano de Proserpina donde encontré una pareja de alemanes que hacían el camino, los primeros peregrinos que veía desde que salí de Córdoba.
Antes de mi parada a comer algo de fruta y embutido que tenía comprado al pasar por un pueblo, me encontré un obstáculo en el camino, un rebaño de toros entre los que alguno pastaba a sus anchas por donde pasaba el camino. Me armé de valor y me dispuse a pasar junto a ellos, no sin dejar constancia de aquella proeza.
Después de mi pequeña hazaña encontré un sitio ideal donde paré a comer y cobijarme a la sombra durante las horas en que más pegaba el sol, repuse fuerzas y continué
No hay comentarios:
Publicar un comentario