miércoles, 30 de octubre de 2013

Etapa 4ª (Winter is coming): San Pedro de Mérida - Casar de Cáceres (95KM)

Winter is coming...

De repente, en Julio, se acercaba el invierno, esa mañana amaneció con lluvia así que tuve que salir con el impermeable puesto primero por la lluvia y más tarde tuve que usarlo de nuevo por que hacía bastante frío. Atravesé Mérida con rapidez, era muy temprano y apenas me paré para echar unas fotos en el acueducto.






























Pasé Mérida y el inmenso pantano de Proserpina donde encontré una pareja de alemanes que hacían el camino, los primeros peregrinos que veía desde que salí de Córdoba.
Antes de mi parada a comer algo de fruta y embutido que tenía comprado al pasar por un pueblo, me encontré un obstáculo en el camino, un rebaño de toros entre los que alguno pastaba a sus anchas por donde pasaba el camino. Me armé de valor y me dispuse a pasar junto a ellos, no sin dejar constancia de aquella proeza.


Después de mi pequeña hazaña encontré un sitio ideal donde paré a comer y cobijarme a la sombra durante las horas en que más pegaba el sol, repuse fuerzas y continué

Etapa 3ª (Medellín): Algún lugar de Badajoz - San Pedro de Mérida (85KM)

Tras despertar por el ruido de los coches en la carretera a unos cien metros de las sillas donde dormía, recogí el saco de dormir y me dispuse a continuar mi camino. Después de la subida de Cerro Muriano, casi todo el camino era llano rodeado de campos de cultivo, monótono, muy monótono hasta que de repente un pueblo se alzaba en lo alto de un cerro, en mitad de la subida la iglesia, perfecta para coger un poco de aire.
Al fin en lo más alto del pueblo, al lado del mercadillo que ese tocaba ese día, me tomé un refresco con unas magníficas vistas de la llanura extensa por la que venía los días pasados.


Tras seguir un rato por un sendero mal señalizado un rato, decidí dar la vuelta y continuar por la carretera ya que no encontraba indicaciones de que el camino iba por allí, hasta que unos cuantos kilómetros de bajada por carretera después me di cuenta que mi intuición había acertado. Pasé por San Benito, donde paré en un bar a comer y tras reposar la comida tumbado a la sobra de unos árboles junto a césped de la plaza de toros proseguí mi marcha.
A media tarde llegué a Medellín, un pueblo precioso dónde anduve largo rato, incluso subí hasta el castillo, para dejarlo atrás pasando por el puente romano tan bien conservado.



En Medellín, paré mucho rato embelesado por sus iglesias, su castillo, su puente, ... tanto que tuve que terminar la marcha de ese día por carretera, ya que por el camino iba más lento y la noche se me echaba de nuevo encima y aunque tenía pensado llegar hasta Mérida, tuve que alojarme en un hostal que apareció salvador junto a la carretera en San Pedro de Mérida tras una agotadora subida, de poca inclinación pero con el aire en contra con los últimos rayos de luz las fuerzas ya empezaban a flaquear después de todo el día pedaleando.
Tras la noche que pasé durmiendo a la intemperie, volví a mi ritual nocturno, llegada a mi habitación, lavado de la ropa, ducha, cena y a la cama.

Etapa 2ª (Intemperie): Alcarajecos - algún lugar de Badajoz (90KM)

En la segunda etapa, llegué temprano a Hinojosa del Duque, donde pasé un buen rato con unos familiares, y un poco después en el ayuntamiento, tras una larga espera para que viniera a sellarme la credencial la policía local, me pusieron el sello del revés. Una vez despedido de mi primo, que me acompañó en la oficina de turismo hasta que tuve mi credencial sellada, me dispuse a continuar mi camino hacia lo que sería una de las noches mas extrañas de todo el camino.

Mis pedaladas me llevaron a dejar atrás Andalucía, para adentrarme en la comunidad de Extremadura, y en el paisaje, lleno de extensas llanuras de pasto seco con menos arboles aún que el día anterior donde esconderme del maldito sol.
En esta etapa encontré una desviación del camino que sí que vi; más adelante no me di cuenta de otra señal del mismo estilo, que me hizo pasar primero por una subida imposible de hacer montado sobre la bici y después por la bajada más peligrosa que realicé en todo el camino de la que en contra de mis expectativas conseguí hacerla entera sin ninguna caída, eso sí, con un gran esfuerzo por parte de mis antebrazos para contener mi peso, el de la bicicleta y el de las alforjas, que empujaban con una fuerza endiablada cuesta abajo...

Con las últimas horas del día llegué a un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, en el que debido a una boda tenía todos los hostales repletos, y también los hostales de los pueblos de su alrededor, por lo que decidí seguir el camino y ver dónde me llevarían mis pedaladas. Al poco tiempo de dejar atrás el pueblo, empezó a ponerse el sol, y ya con la oscuridad de la noche seguí pedaleando, pero era una locura, la luna apenas alumbraba nada y con la linterna que llevaba no era suficiente para pedalear durante toda la noche así que retrocedí un poco sobre mis pasos y encontré un chalet que parecía inhabitado; Tenía un par de columpios en la entrada del porche, y con unos cartones, un par de sillas de jardín y mi saco de dormir me construí una humilde cama dónde pasé la noche al raso. Increíblemente fue la noche que mejor he dormí durante todo el camino...

Etapa 1ª (Transición): Córdoba - Alcaracejos (99KM)

La primera etapa fue sin duda la más dura, en primer lugar por ser la primera, la transición del sofá al sillín, del frescor del hogar al calor veraniego cordobés cuesta y más aún si empieza en cuesta y aún más si la primera cuesta es la subida a Cerro Muriano y un poco más todavía si a la bici le añades unas alforjas cargadas a tope para el viaje con cosas útiles, cosas inútiles y cosas por si acaso. También fue bastante duro dejar atrás las lágrimas de mi padre. Me costó levantarme esa mañana, tenía un largo y difícil reto, y eso unido a que no había dormido demasiado bien hizo que saliera, tras tomarme un buen desayuno, algo más tarde de lo esperado.Por fin mi peregrinación hacia Santiago comenzaba y ya no había vuelta atrás.
foto
Primer día y primer problema, no empezaba bien la cosa, al llegar a una cancela de una finca, eché en falta mi saco de dormir, parece que no iba bien sujeto a las alforjas y se debió caer cuando me eché la bicicleta al hombro para atravesar un riachuelillo y no manchar las cubiertas de barro. Por suerte volví sobre mis pasos y tras unos cientos de metros allí estaba esperándome.
Un poco más adelante me crucé con una pareja que iba dando un paseo, y con un grupo de ciclistas, y me topé con un tramo en el que tuve que bajarme de la montura ya que era imposible escalar por ahí pedaleando con tanta roca ni aún yendo con la bicicleta sin cargar.
El sol comenzaba a apretar con fuerza, y me tomaba pequeños descansos en algunas sombras y aprovechaba para comer algo y seguir pedaleando con ganas bajo el intenso calor. Así, tras unas horas completé la ascensión más dura de todo el camino, no por la subida en si, sino por todos los ingredientes, el calor, la primera subida con alforjas, ...
Por fin llegue y atravesé Cerro Muriano, poco antes había comido de las provisiones que llegaba así que continué atravesando la zona militar camino de Villaharta. Poco antes de llegar me topé con el primer mojón del camino.

Y por fin llegue a Villaharta, donde paré en un bar y encontré un grupo de ciclistas que hacían el recorrido a la inversa haciendo otra ruta ciclo-turística que pasaba también por allí. Me tomé un refresco, rellené de agua mi mochila y los botes, y compré una botella ya que el siguiente pueblo, Alcaracejos estaba a unos treinta y cinco o cuarenta kilómetros, que era más o menos lo que ya llevaba recorridos, pero era más o menos la una del medio día y no iba a terminar la etapa tan pronto. (No en vano muchos peregrinos que van andando hacen esta etapa desde la mitad de camino ya que es una odisea atravesarlos a pie sin ningún avituallamiento hasta Alcaracejos)

Llegó un momento en que mis fuerzas flaqueaban, el día amenazaba con dejar paso a la noche y decidí abandonar el camino y continuar por la carretera, aunque eran más kilómetros, eran más fáciles de recorrer y sobre todo en menos tiempo, y quería finalizar mi etapa en Hinojosa del duque, unos cuantos kilómetros más allá de Alcaracejos.

El sol de repente cogió fuerza, pero yo no estaba dispuesto a rendirme, cuanto más apretaba él mas rato pasaba yo en cualquier sombra que encontraba a mi paso dispuesto a darme algo de aliento. Después de una bajada vertiginosa por carreteras solitarias en la que aproveché para llegar casi a los 70km/h (sería la velocidad máxima de todo el viaje, ya que no encontré sitio con buen asfaltado para repetir además de que mi precaución por conservar las maletas iba en aumento día tras día) encontré con un espejismo, un paisano de Pozoblanco bajaba con una bicicleta de carretera por la subida en la que yo me encontraba apeado en el arcén posado a la pared de rocas como si fuese una salamanquesa y como cualquier espejismo, vino con agua fresca si recién sacada del congelador más helado de la tierra, que mezclada con la mía castigada por el astro rey me supo mejor que cualquier coca-cola.

Después de refrescarme gracias al agua fresca que vino como caída del cielo, me dispuse a finalizar la insoportable subida sin sombra donde poder dar tregua al intenso sol, y comenzaba una bajada con curvas divertidas, en la que tuve que parar un poco ya que un camión me impedía disfrutar la merecida bajada que vino tras la interminable subida. Serían ya sobre las 7 de la tarde cuando llegué a un cruce que señalaba Alcaracejos hacia la izquierda, por fin a la vista el siguiente poblado, tras casi cuarenta kilómetros agónicos acompañados por un sol que rara vez me dejaba un respiro. Gracias a una vaqueriza al borde de la carretera pude llenar mis botes de agua, apenas me quedaban dos pequeños tragos y tenía una sed insaciable. Finalmente pude llegar a Alcaracejos cuando apenas quedaba algo más de media hora de luz solar, con lágrimas en los ojos debido al esfuerzo del primer día. Tenía previsto llegar a Hinojosa, donde me esperaban algunos parientes, pero era ya demasiado tarde, y debía limpiar la ropa, cenar, y descansar el máximo posible para la segunda jornada así que decidí hospedarme allí.




Día D: Comienza la aventura

Córdoba 13 de Junio 23:46

Llegó el momento. Finalmente no he salido hoy, pero se podría decir que ya he empezado, esta mañana he ido a sellar mi credencial a la Catedral que la llaman, aunque a mi me gusta más llamarla La Mezquita. He cambiado la equipación de peregrino (culotte y maillot) por un culotte de gama alta, que espero mi culo me lo agradezca, ya que a mi bolsillo no le ha gustado mucho el cambio y he terminado algunas comprillas que aún me quedaban por hacer.

Después de comer, y tras varias horas de jugar al Tetris con mi equipaje y mis alforjas, finalmente he conseguido meterlo todo, más o menos organizado y nivelado y a pesar de que tenía una primera etapa muy corta se me ha hecho un poco tarde, y persuadido por mi padre, he decidido posponer la salida unas horas y salir por la mañana temprano.

Bueno llegó la hora de irse a dormir, ya he revisado todo otra vez, y parece que no se me olvida nada (al menos de las cosas más importantes), ya está todo listo y esperando que me levante por la mañana; estoy más nervioso ahora que esta tarde cuando estaba a punto de partir, a ver lo que me cuesta dormirme.